La Ciudad Deportiva se niega a morir

Reportaje narrativo

Por Aldair Teutle

La Ciudad Deportiva se niega a morir

Desde muy temprano, visitantes asiduos al ejercicio comienzan a llegar al complejo de mayor tamaño en Latinoamérica, el Centro Deportivo Siglo XXI de la de la Magdalena Mixhuca o mejor conocido como la Ciudad Deportiva, que abre sus puertas a las seis de la mañana.

Fuera de ella, entre arte alternativo sobre sus muros, ya han llegado los puestos ambulantes, principalmente de alimentos y dulces.

Una vez dentro, se aprecian algunas personas trotando y corriendo al aire libre, con ritmo moderado, recorren un trayecto que va del acceso seis, donde se ubica la alberca olímpica, hacia el estadio Jesús Martínez.

Otras más, llegan a las diversas instalaciones para entrenar y formarse en los distintos deportes que se pueden practicar en este sitio emblemático, inaugurado en 1958 por el expresidente Ruiz Cortines.

Este lugar, donde convergen diversas disciplinas y, que en el desarrollo de los juegos olímpicos de 1968, celebrados en nuestro país, sirviera como sede, luce hoy descuidado, en todas direcciones se mira una decadencia abrumadora, se torna gris.

Cuando se pasa por los campos aledaños al vetusto edificio de la sala de armas, salta a la vista una situación contrastante, las canchas “verdes” están cerradas, las “ocre”, contadas son las abiertas.

Con las rejas deterioradas, que portan anuncios para la afiliación a escuelas y equipos profesionales de la primera división, alberga a unos cuántos jóvenes practicando, preparándose para un partido.

Sin importar que la cancha carezca de pasto y los límites de ésta se encuentren enlodados y con charcos profundos, se practica con ganas el deporte más bello del mundo.

Incluyendo las de fútbol rápido y superficie sintética, son en total 57 campos, pocos lucen en condiciones óptimas, es decir, con redes en porterías, césped podado y con las líneas correspondientes pintadas sobre el terreno, entre otras cosas.

Con base a lo anterior, Julio Chapa, integrante de una de las ligas internas comenta: –“Las instalaciones para jugar son malas, pocas son las canchas con pasto, para jugar ahí hay que pagar o pertenecer a la filial de un equipo de primera que tienen exclusivamente las suyas, pero es lo que hay, la mayoría de los deportivos públicos que cuentan con algunas vienen siendo llaneras como las de aquí”.

Es medio día, con temperatura calurosa y sol intenso por lapsos. Algunos adolescentes recorren la ciudad en bicicleta, así como unos vendedores de paletas heladas y otros de cacahuates y pepitas ofertan sus productos.

El área de frontón está desocupada, la valla de plástico contiene grafitis y rayones, las paredes no son la excepción. Justo al lado, el gimnasio de pesas, que sin desentonar, no da señal de que haya actividad deportiva.

Al caminar hacia el frente de éste último, está el domo de boxeo “Kid Azteca”, abandonado y lúgubre, lo mismo ocurre al otro extremo en el arenero para volibol de playa, claramente descuidada y desierta.

Con respecto en ello, Alberto Torres, vecino de la zona señala: –“A la ciudad la tienen en muy mal estado, no ha recibido mantenimiento, todo está deteriorado, hay mucha corrupción, le quitaron varias partes, según la piensan remodelar ahora que es administrada por el jefe de gobierno”.

Añade: –“Existen muchas quejas por parte de los usuarios de la alberca, además protección civil ya dijo que la sala de armas representa un riesgo porque el edificio se está derrumbando, es un gran riesgo, a ver si para los próximos meses cumplen su palabra de atender los problemas”.

Avanzando hacia el estadio principal, popularmente conocido como el “Palillo”, se escucha el pitido de un silbato, es el árbitro marcando una falta, se disputa un cotejo entre juveniles.

El escenario es muy típico de los campos de fútbol de cualquier parte de la Ciudad de México, con el par de tenis colgados sobre los cables de luz, gritos e indicaciones en todo momento.

La arena luce casi despejada en las gradas, llenas de contaminación, con exceso de basura y polvo. Sólo los familiares de los jugadores y uno que otro asistente apasionado de lo amateur contemplan el encuentro.

Sin mayores incidencias, el choque entre el par de novatas escuadras concluye en empate, los ánimos se exaltan entre todos los presentes, se ha llegado a la instancia de los penales. Tras una tanda emocionante y con varios disparos errados, se erige el vencedor.

Aunque ambos equipos portan la misma camiseta de los Pumas de la Universidad, por un lado los azules, del otro, los blancos, fungiendo como el “local”, que a lo largo del juego fue el más alentado y aplaudido, que obtienen la victoria.

Concluido esto, la gente desaloja rápidamente el Jesús Martínez y, mientras unos se marchan, nuevos visitantes llegan, como el caso de padres y niños en busca de los espacios destinados para ellos, añadiendo así, un ambiente de convivencia familiar.

Asimismo, para los que buscan una atmósfera relajada, idónea para la lectura, o la recreación.

A pesar de las restricciones y las dificultades que a diario enfrentan los que desean realizar actividad física, es así como, en un viernes cotidiano, la vida confluye en la Ciudad Deportiva, mermada y de panorama ruin, manifiesta una negación a desaparecer.

Y sobre todo, sigue albergando a aquellos que se han puesto como meta, ser como su atleta admirado, forjando el sueño de emular sus éxitos y manteniendo un hambre permanente de transcender.

Corromper el deporte

Fueron 12 años donde la administración del Centro Deportivo corrió a cargo de los jefes delegacionales (ubicado en Iztacalco y Venustiano Carranza), tiempo en el que se cometieron grandes corruptelas.

De acuerdo con el diario Reforma, Leonardo Muñoz Romero, director del Centro Deportivo, es también líder de los franeleros y comerciantes que operan fuera de la demarcación y también, es responsable de gestionar los ingresos generados por cuotas que pagan los usuarios (autogenerados).

El 24 de septiembre quedó estipulado en la Gaceta Oficial del DF que el gobierno toma las riendas de nuevo, a través del Instituto del Deporte del Distrito Federal (IDDF), por lo que se espera una administración más transparente y beneficiosa.

Para el remozamiento del lugar se han estimado 800 millones de pesos. Según con el semanario Proceso, actualmente el IDDF sólo administra tres instalaciones, el deportivo Rosario Iglesias, el deportivo Rafael “Pelón” Osuna y las canchas de tenis que se encuentran a un costado de la alberca olímpica.

Sólo en el mediano y largo plazo se constatará si se efectuó un cambio o si los abusos y el mal manejo siguen imperando.

Ciudad deportiva. Foto Aldair Teutle

Ciudad deportiva se niega a morir.

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Publicado el 28 enero, 2015 en Sin categoría y etiquetado en , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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