Se colapsan las cárceles mexicanas

Por Aldair Teutle
Reportaje

Se colapsan las cárceles mexicanas

Diversos son los problemas que aquejan a las prisiones en México. La crisis de fondo en diversos ámbitos no está siendo atendida por la administración actual, ni ha sido combatida por los gobiernos anteriores.

La historia de las penitenciarías del país se remonta a la época de la colonia en donde se heredaron las que se erigieron por aquella época, mismas que se regían de acuerdo a las leyes y el modelo propio de Europa y de la Corona española.

Una de las principales era la que poseía el tribunal del Santo Oficio (Inquisición española), las cual era de las más temidas de la época, y en donde solían caer presos esencialmente los considerados enemigos de la cruz, blasfemos, herejes, liberales, etcétera.

También se tiene registro de que en el interior de los edificios palaciegos, que eran la sede de los poderes temporales, existían reclusorios y en ocasiones los conventos de las órdenes católicas establecidas en la Nueva España se usaban también como prisiones.

La tarea pendiente para los juristas, legisladores, pensadores y en general, los hombres en el poder, fue desde entonces la de crear el sistema carcelario propio para la nación. Ya alcanzada la independencia, no existía en un inicio una preocupación por crear leyes penales, ya que todo estaba encaminado a construir el aparato político para la nueva República; además las luchas internas eran constantes.

Para el año de 1840, en Guadalajara se estableció la primera penitenciaria del país. Años más tarde se fundaron otras grandes prisiones: Mérida, Chihuahua, San Luis Potosí, Puebla, Salamanca, etcétera.

A través de los años se pusieron en funcionamiento nuevas cárceles con nuevas legislaciones penales, y con la llegada de la constitución de 1917, se fueron formulando leyes y ordenamientos que servirían para construir el sistema penitenciario.

Otra de las prisiones famosas fue la de Lecumberri, la primera en la nación en la que se implantó un régimen entero de corrección moral y que trataba de abarcar todas las etapas de la vida del recluso, además de que encarceló a importantes personajes de la historia nacional y que fueron protagonistas en la vida pública del país como Pancho Villa, el escritor José Revueltas, el líder social Heberto Castillo, dirigentes de movimientos como el del 68, el muralista David Alfaro Siqueiros, etcétera.

A inicios de los setenta mediante una reforma penitenciaria se crearon los Centros Federales de Readaptación Social (Ceferesos), mismos que representan las primeras instituciones de máxima seguridad que posee la nación y encaminados a alojar delincuentes de índole mayor, que no podrían estar en penales ordinarios, ya sea por su peligrosidad o sus delitos cometidos.

Sin muchos avances, desde entonces, el sistema penal y los reclusorios nacionales han sido y están en una condición deplorable. Actualmente esta situación es similar; en aquellos tiempos, los edificios eran inadecuados, no contaban con enfermerías, había pocas escuelas y talleres, la sobrepoblación siempre ha estado presente, los sistemas de clasificación eran casi inexistentes, etcétera.

Acerca de la aglomeración de convictos, de acuerdo con datos del último informe del Sistema Penitenciario Federal (SPF), existen 429 penales en toda la República. En el Distrito Federal se tienen 10, seis son federales, en los estados suman 237 en total y hay 103 en diferentes municipios.

Según los reportes oficiales, 296 presentan hacinamiento, y de éstos, 148 son Ceferesos. Esto nos arroja un resultado del 49.5% de cárceles en sobrepoblación.

En los gobiernos modernos, todo permanece igual. El objetivo de reincorporar a la sociedad y readaptar al hombre a quien la justicia ha declarado delincuente, es una tarea pendiente de siglos.

 

La prisión en años recientes: misma tendencia

 

En las últimas tres décadas se han fundado más prisiones, con miras a enfrentar el alza en la criminalidad y los problemas de sobrepoblación y envejecimiento de los precarios edificios de varios antiguos reclusorios.

Cifras alarmantes indican que, de acuerdo con cifras oficiales, una de las causas del aumento en la población penitenciaria es la guerra contra el narcotráfico que emprendiera el ex presidente Felipe Calderón en al inicio de su gestión. De diciembre de 2006 al mismo mes del 2010 se dictaron en total 88 mil sentencias, de las cuales 82 mil 500 fueron de tipo condenatorio.

Como se mencionó anteriormente, diversos son los problemas que acarrean las cárceles mexicanas. Con datos de las encuestas hechas por el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), a la población en reclusión, indican que en el interior es todo un caos, debido a la escasez de bebidas y alimentos y artículos de uso diario. La atención médica y la comida son malas. De igual forma las visitas, muchos reclusos no ven a sus familiares en años, o lo hacen hasta quedar en libertad.

Como vemos, la cárcel es un centro de exterminio encubierto de reinserción social del sentenciado, cuyo sistema está encaminado esencialmente a dificultar la posibilidad de regeneración y alentar la aniquilación a través de diversos métodos.

La realidad nos refleja que la prisión cumple varias funciones en nuestra sociedad, menos la que debería efectuar. El filósofo y político radical inglés, Jeremy Bentham, nos dice que son al menos tres las que efectúa una cárcel: incapacitar, rehabilitar y disuadir. La primera tiene como objetivo retirar la posibilidad de delinquir de nuevo al infractor, la segunda le quita el deseo de infringir y la tercera busca causar temor, tanto a los presos como a la población en general, de violar las leyes y ser sancionados.

Ésta última es la que se presenta en México de manera latente, ya que la máxima medida amedrentadora de la policía y de la justicia mexicana es la de amenazar a la gente con que pueda quedar confinada en el infierno que simboliza un penal.

Y una vez adentro, el reo sufre violencia, intimidación, y sobre todo, una violación a sus derechos humanos. En las mismas penitenciarias, los grupos delincuenciales generan sistemas de gobierno locales sin que las autoridades intervengan y todo presidiario debe sujetarse a ello. También es un hecho que hace falta mayor personal carcelario y lo suficientemente capacitado.

Pero no todo termina ahí, hay asuntos en torno al tema que son muy preocupantes, tales como la fabricación de criminales bajo tortura o la nefasta impartición de justicia, en donde todo está encaminado a llenar las cárceles de inocentes, la gran mayoría, pobres. Esto lo pudimos apreciar de manera nítida en el documental Presunto Culpable, un revelador filme acerca del corrupto sistema que daña por completo a la sociedad.

También las detenciones arbitrarias son inquietantes. Durante 2013 se dieron más de 400 detenciones injustificadas en la Ciudad de México, según datos del jurista defensor de derechos humanos, Jesús Robles Maloof.

Robles Maloof expresa al respecto: –En la Ciudad de México continuamente se detienen a las personas por su aspecto y los jóvenes son los sectores que más han sido víctimas de esta práctica; no se están atendiendo a una necesidad de eliminar las prácticas de detenciones arbitrarias.

Es un hecho que el sistema judicial está en descomposición, pero no solo es ese el factor que determina la continuación impune de esta práctica. La misma Secretaría de Seguridad Pública del Distrito Federal (SSP-DF) otorga incentivos a sus elementos que logren números elevados de detenciones.

De igual forma en los ministerios públicos prevalece la corrupción, lo que provoca que las detenciones sean ratificadas sin que existan pruebas o los juicios estén tergiversados.

En la actual gestión gubernamental de la ciudad que encabeza Miguel Ángel Mancera, se han implementado los llamados “operativos rastrillo”, que están destinados a combatir el narcomenudeo en las zonas de riesgo.

Este tipo de operativos concede al policía la libertad de detener a cualquier individuo que considere “sospechoso”. Lo que no está claro es bajo qué criterios se rigen los uniformados para detener a alguien, propiciando así las prácticas arbitrarias y diferentes abusos policiales.

El panorama es poco alentador. El estado de las cárceles mexicanas seguirá decayendo si no se realizan acciones prontas. Una propuesta que hace la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) para delitos menores y no violentos es la eliminación de la sanción carcelaria, lo que beneficiaria primordialmente a los penales con sobrepoblación.

La instauración de nuevas prisiones es otra de las acciones urgentes que deben realizarse, ya que el fortalecimiento de la infraestructura del SPN ya se demoró demasiado. Desde 2008 se tiene contemplada la creación de 12 cárceles, sin embargo, solo alcanzaría para alojar a 20 mil presos; hasta el momento en ninguno han comenzado las obras.

49.5% de las cárceles mexicanas ufren de sobrepoblación. 49.5% de las cárceles mexicanas ufren de sobrepoblación. Google imágenes.

49.5% de las cárceles mexicanas ufren de sobrepoblación. Google imágenes.

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Publicado el 16 mayo, 2014 en Sin categoría y etiquetado en , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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